Billie Holiday (mujeres del jazz II)

Billie Holiday nació siendo un problema. Su madre, 13 años; su desaparecido padre jazzista, 15. Conoció la luz un 15 de abril de 1915 en Filadelfia, aunque a los pocos años se trasladaría junto a su madre a la incipiente Nueva York en busca de un futuro que les ayudara a subsistir.

Aún siendo niña, compaginó las tareas de limpieza de un burdel en Brooklyn con la prostitución. Fue violada al menos en una ocasión. Su único momento de felicidad al día era cuando, mientras limpiaba la mugre del prostíbulo, escuchaba una vieja gramola en la que sonaban a duras penas Louis Armstrong y Bessie Smith. Sus canturreos entusiasmaron al dueño del local, que vio en la pequeña criada una oportunidad de contar los dólares por fajos. Tras una audición, Billie Holiday ya actuaba sobre el escenario, donde mostraba a cuatro borrachos sus imprecisiones técnicas, pero su gran color vocal, su calidez y tacto musical.

Su salto a una mediana fama (Holiday comenzó a triunfar a nivel universal ya estando muerta, para rematar su trágica existencia) se produjo en 1933, cuando Benny Goodman le dio la oportunidad de trabajar con su grupo. Sobre el escenario, admirada como nadie, pero al bajar, discriminada como toda negra. Comía aparte, entraba por la puerta de atrás y no recibió nunca el trato profesional de estrella. Fue la negra. En 1937 colaboró con la orquesta de Count Basie, donde conoció al amor de su vida, el exitoso saxofonista Lester Young. Estos años, que pudieron catapultar a Holiday, no fueron sino el diseño y boceto de lo que sería su destrucción.

Es sabido que Billie Holiday consumía marihuana desde los 13 años. Sin embargo, la heroína llegó alrededor de 1940. Su obsesión por esta droga se elevó hasta puntos insospechados. Durante la siguiente década, pasó varias veces por prisión por cuestiones de narcotráfico y posesión de estupefacientes de todo tipo, principalmente cocaína y la ya mencionada heroína.

Sus relaciones amorosas, de carácter abusivo, también fueron causa de su declive profesional. En 1941 se casó con el trompetista Jimmie Monroe, del que se divorció mientras salía en secreto con otro trompetista, Joe Guy. Finalmente, se casó en 1952 con el mafioso Louis Mckay, quien prácticamente la extorsionó. Su dura y violenta vida amorosa quedó registrada en la canción My man, que, pese a ser francesa y escrita en los años 20, Holiday popularizó. Si hoy día nos rasgamos las vestiduras con las letras sexistas de ese pseudogénero que es el reggaetón, les invito a que lean qué dice Holiday sobre lo que “su hombre” le hace.

La década de los 40 fue para la artista un duro periodo, pero consiguió realizar unas 100 grabaciones. No obstante, fue más conocida por ser la drogadicta más famosa de los Estados Unidos que por su voz. El lamento y el dolor comenzaron a ser su única distinción.

En 1954, realizó una gira por Europa, y en 1957 grabó una sesión antológica: Lady in Satin. Acompañada por Ben Webster, Lester Young y Coleman Hawkins, la voz totalmente rota y quebrada de Holiday determinaba que el ocaso de la cantante era inminente.

La muerte de Lester Young en 1959 acabó con Holiday. Su gran amigo y amante, considerado la única persona que no le falló, murió por sus excesos con la bebida. En el funeral, la figura descompuesta y lamentable de Billie Holiday hizo apartar las miradas del fallecido. “Yo seré la próxima”, le comentó al productor y crítico Leonard Feather durante el entierro.

Una cirrosis postró a Holiday en una cama a las pocas semanas de su declaración. Una nueva denuncia la envió a un arresto penitenciario en el Metropolitan Hospital de Nueva York, donde, de la forma más humillante posible, murió el 17 de julio de 1959, a los 44 años. La gran voz del jazz femenino (junto a Ella Fitzgerald siempre) y madre de la mejor canción del siglo XX según la revista TIME (Strange Fruit, 1939) poseía en su cuenta bancaria 0,70 dólares en el momento de su muerte.

“Por momentos, se llega a creer en la imposibilidad de que tanta desgracia y malevolencia pudieran descargarse sobre un mismo ser humano”

Mingus B. Formentor, periodista musical, tras leer la autobiografía de Billie Holiday

Foto de William P. Gottlieb.

Vicente Coll

Estudia Periodismo en la Universitat de València. No sabe si escribe para ser o es para escribir. Cuando no sabe expresarse con palabras, toca el saxo. Sus desquicios y cavilaciones pueden leerse en http://vicentecoll.blogspot.com/

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