Concierto: Dianne Reeves con la Filarmónica de Luxemburgo

Un servidor que siempre ha sido un poco reticente a aquellas famosas grabaciones “with strings”, tenía verdadera curiosidad por comprobar cómo resultaría el experimento de escuchar a Dianne Reeves arropada por una orquesta filarmónica, además de sus acompañantes habituales. Y la experiencia no pudo resultar más satisfactoria.

Ficha del concierto

Crónica del concierto:

Debo empezar por confesar mi admiración incondicional por Mrs. Reeves. Ya he tenido la oportunidad de asistir a unos cuantos conciertos suyos y siempre he salido de ellos con una sonrisa en la boca y la sensación de haber disfrutado de un magnífico recital. La cantante de Detroit se ha ganado el pulso el ser considerada como la gran diva del jazz vocal actual (“la diva moderna” titulaba el programa de mano), pero es que además me dio la impresión de que se encuentra en un momento culminante de su carrera, pletórica de voz y facultades, dominando las tablas e interactuando con el público con su habitual simpatía.

Y además este concierto era muy especial. Comenzando por un auditorio tan impresionante como el de la Philharmonie de Luxemburgo, dotado de una acústica espléndida, y siguiendo con el acompañamiento de una orquesta de gran solvencia como la Filarmónica luxemburguesa. Faltaba por ver cómo casaba aquello con una banda de jazz. Y el resultado no se puede calificar de otra manera que auténticamente gozoso. Un verdadero disfrute para el público, que asistió entregado a las dos horas de concierto que parecieron un suspiro.

Y allá que salió Dianne y se puso al frente del tinglado: un escenario con más músicos por metro cuadrado que bañistas en la playa de Benidorm en pleno agosto, y la cosa empezó a funcionar como un engranaje perfectamente ensamblado. Corría el riesgo de sonar grandilocuente pero no lo fue en absoluto. La orquesta arropaba los temas con total fluidez proporcionándoles además una dimensión nueva y verdaderamente sugestiva. Si acaso en algún momento el sonido de la Filarmónica se “comió” en parte a la banda de jazz, no todo iba a ser perfecto, pero el conjunto era tan deslumbrante y tan intenso que nadie podía ponerle a aquello ningún pero.

Empezó a desgranarse un repertorio variado y de lo más atractivo: estándares como “Stormy weather” “Fascinating rythm” “Lullaby of Birdland” o ese precioso “Our love is here to stay” (donde dejó espacio para el lucimiento de su “hermano de otra madre”, el espléndido guitarrista Romero Lubambo), temas pop como “Dreams” de Fleetwood Mac (si lo llega a escuchar Stevie Nicks seguro que le da un pasmo de pensar que aquello que estaba sonando lo había escrito ella)  o “Waiting in vain” de Bob Marley e incluso quedó espacio para su particular homenaje  a Miriam Makeba.

Dianne todo lo hace suyo y lo canta desde dentro con una facilidad pasmosa, como si fuese lo más natural del mundo; domina el scat, el fraseo, alcanza unos agudos increíbles, puede ser agresiva o dulce según el momento y la potencia de su voz cobra matices auténticamente sorprendentes. Para demostrarlo terminó el concierto dejando el micrófono de lado y cantando a capella, ayudada por la magnífica acústica del auditorio, para rematar después con un bis acompañada únicamente por el piano del grandísimo Peter Martin (su otro “hermano”; un par de solos suyos ya habrían valido la pena por sí solos, valga la redundancia). No cronometré la ovación pero fue de las más largas que he escuchado.

Guardaré este concierto en el recuerdo durante mucho tiempo, bajo el epígrafe de “conciertos memorables”.

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