Crónica: Jazz & Cookin’ Fest, Valencia encuentra el norte del jazz

De Noruega al escenario, de Noruega al plato. Jazz & Cookin’ trajo en su segunda edición la cara más moderna de la gastronomía y la música ligera del norte de Europa.

Ficha del festival

Crónica del Festival

Veles e Vents fue el lugar escogido para celebrar la segunda edición de Jazz & Cookin’ Fest. Un escenario idóneo para conocer durante los días 28, 29 y 30 de abril la cara más selecta, creativa y vanguardista de la gastronomía y el jazz noruego, pero sin olvidar el producto nacional.

Durante el último fin de semana de abril, el público asistente al festival pudo degustar las mejores selecciones de salmón, jamón ibérico, cava, vino y, por supuesto, jazz contemporáneo, muy extendido y desarrollado en países del norte de Europa.

La característica voz de terciopelo oscuro de Beady Belle fue la encargada de dar el pistoletazo de salida al festival. El grupo, que se estrenaba en Valencia, hizo alarde de su estilo contrastante: de la calma a la agitación en un instante, cual tormenta nórdica.

Beady Belle

La primera noche la cerró Atomic. El quinteto noruego es la pura definición del inabarcable Free Jazz, la elocuencia de la locura, un auténtico verso suelto. Desprendieron una energía sobre el escenario capaz de dar luz al área metropolitana de Oslo durante una semana. Toda una potencia escandinava.

La segunda jornada de Jazz & Cookin’ estuvo condicionada por el mal tiempo. El fuerte viento al borde del mar parecía un elemento de atrezo creado por el festival para acercarnos más al tempestuoso clima del norte. No obstante, el trío valenciano Naima hizo que el público entrara en calor con su pura mezcla de clásica con electrónica.

Ya de noche, Elephant9 creó una atmósfera totalmente diferente a lo visto hasta el momento en el festival. Su fusión de jazz con rock progresivo dotaba a su música de una fuerza indómita, cual salmón nadando a contracorriente por los gélidos fiordos.

Elektrik Jazz Mantra, grupo que clausuró la noche del sábado, fue el único que no necesitó presentación. La auténtica élite del jazz valenciano (Javier Vercher, Voro García, Ales Cesarini, Iván Cebrián y Frank Durand, capitaneados por Santi Navalón) trajo consigo un tributo al experimentalismo electrónico del género. A destacar las inmejorables improvisaciones de Cebrián a la guitarra eléctrica.

Elektrik Jazz Mantra

Ya en la sesión matutina dominical, The Geordie Approach puso sobre el escenario una intensa sesión de efectismo electrónico en saxofón y percusión, algo que no se había visto aún en el festival. A través de micrófonos ultrasensibles, sordinas, efecto “trompa” e incluso una sierra, el público quedó anonadado ante la posibilidad de que tanta variedad de sonidos pudiera nacer de instrumentos no electrónicos.

El festival, como se puede apreciar, quiso apostar también por el producto musical autóctono. La cantante Mireia Vilar fue la última en desfilar por el escenario del Amstel Art. Su proyecto “Madre Salvaje” disimula las fronteras del indie, del jazz y de la electrónica. Genera así un cocktail musical tan dulce como explosivo. Demostró fuerza, ganas y futuro. Una artista con proyección, sin duda alguna.

Sin embargo, faltaba la fusión definitiva para considerar a Jazz & Cookin’ la cuna de la vanguardia culinaria y musical. Al medio día, el cocinero Miguel Ruiz preparó unos exquisitos aperitivos rodeado de dos auténticos vikingos del jazz: Avelino Saavedra y Josep Lluís Galiana, que improvisaron al ritmo, color y olor de lo que Miguel preparaba.

Miguel Ruiz, acompañado por Galiana & Saavedra

“Nuestra filosofía es seguir haciendo público”, comentó un satisfecho Pablo Correa, director del festival, a JazzTK. “El público debe saber que aquí tiene la oportunidad de escuchar durante dos días música de calidad que no va a volver a escuchar en todo el año”.

Y qué largo se nos va a hacer a algunos el resto del año. Mientras tanto, y contemplando un mapa, soñemos con la próxima edición de Jazz & Cookin’.

Vicente Coll

Estudia Periodismo en la Universitat de València. No sabe si escribe para ser o es para escribir. Cuando no sabe expresarse con palabras, toca el saxo. Sus desquicios y cavilaciones pueden leerse en http://vicentecoll.blogspot.com/

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