Concierto: Joshua Edelman en el Café Central

Dos horas de jazz y música tradicional vasca de la mano de Joshua Edelman, un músico fantástico y un ser humano admirable.

Ficha del concierto

Crónica del concierto:

No resulta fácil hacer esta crónica. El señor Joshua Edelman lleva afincado en España desde el año 1980, dedicando gran parte de su tiempo y esfuerzo a la divulgación y enseñanza del jazz. Y por esto digo que  no resulta fácil la crónica, ya que se unen dos ramas de difícil separación.

Al  igual que hay destacar su sobresaliente gusto musical, tanto para la interpretación como para la creación de música, debemos prestar atención a su labor como maestro del jazz. El término «maestro» parece estar reservado hoy en día para individuos octogenarios que nos deleitan con emocionantísimas confesiones de antaño, mas esto no es así. Aquí, en España, tenemos la fortuna de contar con un maestro vivo y coleando, que pelea a diario para enseñar la música que tanto le ha dado y, además, ha encontrado una fuente de inspiración en algo nuestro, propio de nuestro país. El folclore vasco. Más de uno debería darse cuenta…

Fluido me parece un adjetivo correcto para definir el concierto de la Manhattan-Bilbao Jazz Zubia. Ya desde el primer momento el choque de culturas e influencias se hace evidente. El inicio del concierto resulta impactante. Dos piezas consecutivas, diferentes y que nos muestran lo que Joshua Edelman quiere hacer con la música, una fusión elegante y fiel al estilo principal, el jazz. La primera, una danza tradicional del País Vasco -Zortzi´s Dance-  y la segunda una composición propia (como lo son la gran mayoría en su  recién publicado disco, que comparte nombre con la formación: Manhattan-Bilbao Jazz Zubia), que está a la altura de las más bellas composiciones de jazz.Interpretada a cuarteto (piano, contrabajo, batería y trompeta), la canción nos lleva desde la introducción solitaria del contrabajo hasta un solo de trompeta de Manuel Machado que recuerda al mismísimo Dizzy Gillespie. Para cerrar, nuestro líder se lanza al primer solo de la noche, lleno de sensibilidad y belleza melódica… jazz.

El momento entrañable del concierto se sucede cuando los dos Edelman Jr, salen a escena para interpretar una versión de piano a 4 manos de Nascimento , introducida por Joshua como el himno de despedida de su mentor Barry Harris al final de cada concierto. Para regocijo del público, los dos «peques» se lanzan a la aventura y nos dejan una bonita aportación a un total, el concierto, en el que cada pieza suma y todas, unidas, hacen de la experiencia algo memorable.

A lo largo de la primera parte del concierto se interpretan varias piezas tradicionales del folclore vasco aderezadas por Edelman para la ocasión. La txikitritxa de Xabi Arakama , instrumento popular vasco similar al acordeón en forma pero radicalmente diferente en cuanto a sonoridad, no desentona en ningún momento en un formación de jazz tradicional y ejecuta los solos de igual complejidad técnica y sonoridad jazzistica  a los ejecutados por un piano o una trompeta. Es una música fusión hecha de manera magistral. Únicamente sabemos que lo es (fusión) porque conocemos que la txikitritxa no es un instrumento propio del jazz, en caso contrario sólo los músicos experimentados distinguirían las diferencias ya que la música está tan sumamente bien empastada que parece un género. Jazz.

Aún así, la influencia vasca durante el concierto, es clara. Lara y Ana Sagastizábal, dos jóvenes cantantes con bonitas y fuertes voces, llevan las canciones a otro universo distinto mediante las letras en euskera. Un fantástico trabajo que culminará con una emocionante versión final de Somewhere over the Rainbow, en la cual alternarán entre el inglés y el euskera.

Tendrá tiempo Joshua Edelman de llevarnos hasta sus orígenes, haciendo un breve relato de la historia de su familia (judíos emigrados a Estados Unidos por la presión nazi), para interpretar posteriormente una obra de un compositor israelí que nos lleva musicalmente a la ciudad natal de éste, Todra. Una de las piezas que nos muestra la parte sensible e intimista de Joshua es Destiny. Con una melodía elegante, nos lleva por un paisaje de vueltas y cambios (las que da la vida, como el mismo sugiere al presentarnos el tema), sin olvidar la belleza propia de un estándar de jazz.

Todo un recorrido musical de la mano de uno de los maestros del jazz actual quien, de forma casi solitaria ha decidido sacrificar una carrera quizá mas egoísta para realizar una labor de enseñanza y trabajo por los demás que perdurará en este país tanto como perduren los músicos que ya está creando. Y son estas, y no otras, las cosas que importan en la vida. El poder hacer, con la música, cosas que llenen y completen la existencia.

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